Sunday, June 14, 2015 ─ Fifth Avenue (NYC)

National Puerto Rican Day Parade - Sunday, June 14, 2015 ─ Fifth Avenue (NYC)

Julia de Burgos – 100th Anniversary

Recordando a Julia de Burgos

en el centenario de su nacimiento

 

“Julia de Burgos was one of those persons who burst into life like a comet sizzling through our solar system. We watch such persons with a mixture of great awe and great trepidation—we enjoy their fiery aura and tail, but worry about them crashing into us, or burying us in their smoking wake” — wrote Jack Agüeros in the introduction of Song of the Simple Truth, the complete poems of Julia de Burgos.

 

Julia-De-BurgosJulia de Burgos was born on February 17, 1914 in Carolina, Puerto Rico, the year when the Great War erupted. She was the first born of thirteen children to Francisco Burgos Hans and Paula Garcia de Burgos. Both of her parents were born in Puerto Rico, and her father was of German descent on his mother side.  Both also had African and Spanish ancestors, not unlike most Puerto Ricans. Three years after Julia was born, and despite wide opposition by Puerto Ricans the United States Congress imposed U.S. citizenship on Puerto Ricans through the Jones-Shafroth Act of 1917. Not coincidentally, this allowed the U.S. to apply the Selective Service Acto of 1917 to it’s new Puerto Rican citizens and over 20,000 Puerto Rican men were conscripted and sent to Europe to fight in World War I.  According to Jack Agüeros, this event greatly influenced Julia’s political, emotional and literary life.

Julia’s family moved to Rio Piedras where she studied at the University of Puerto Rico. At the age of 19 Julia graduated with high honors as an elementary school teacher. She was a very attractive, very tall and athletic, and practiced sports when as a student at the University of Puerto Rico. After graduating, Julia taught in rural schools throughout the island and became a member of the Nationalist Party, which at the time was under the leadership of Don Pedro Albizu Campos. In 1934, in the midst of the depression era, she married a journalist named Ruben Rodriguez Beauchamp. During that same year she also began to publish her poems in a journal called Alma Latina. A few years later she began to sign her poems as Julia de Burgos instead of Julia de Rodriguez, as tradition dictated for married women. She reclaimed her family name, rejecting the conventions of the time, as she did in many aspects throughout her short life.

Julia married several times, and legend has it that she had many affairs with renowned figures including the Puerto Rican nationalist and beloved poet, Juan Antonio Corretjer, and poet, writer and lawyer Luis Llorens Torres. In 1938, she met Juan Isidro Jimenez Grullón, a Dominican doctor, with whom she lived for several years in Cuba. Many myths were created about Julia, among them that her separation from Grullón destroyed her life, but there is no evidence to support that theory, since she continued to write and work when she came back to New York in the early 1940’s. Her daring love affairs and bohemian lifestyle, her passion for justice, her poems of love and struggle, collectively represented what Julia was — a woman ahead of her time.

Julia-De-BurgosOn July 6, 1953, Julia de Burgos died on the streets of el Barrio, near 105th Street and Fifth Avenue, of pneumonia. She was without identification and her body was recovered by local authorities, and buried at Potters Field in New York City. Her friends, who were searching for her finally found her already buried. Her remains were exhumed and taken back to Puerto Rico where she received a proper burial.

A feminist poet, intellectual, teacher, activist, and nationalist, Julia wrote some of the poems most loved and evoked by the Puerto Rican people.  In celebration of her centenary we invite you to read Rio Grande de Loiza and Yo misma fui mi ruta.

 

Río Grande de Loíza

Julia de Burgos

 

¡Rio Grande de Loíza!… Alárgate en mi espíritu

y deja que mi alma se- pierda en- tus riachuelos

para buscar la fuente que te robó de niño

y en un ímpetu loco te devolvió al sendero.

 

Enróscate en mis labios y deja que te beba,

para sentirte mío por un breve momento,

y esconderte del mundo y en ti mismo esconderte,

y oír voces de asombro en la boca del viento.

 

Apéate un instante del lomo de la tierra,

y busca de mis ansias el íntimo secreto;

confúndete en el vuelo de mi ave fantasía,

y déjame una rosa de agua en mis ensueños.

 

¡Río Grande de Loíza!… Mi manantial, mi río,

desde que alzome al mundo el pétalo materno;

contigo se bajaron desde las rudas cuestas,

a buscar nuevos surcos, mis pálidos anhelos;

y mi niñez fue toda un poema en el río,

y un río en el poema de mis primeros sueños.

 

Llegó la adolescencia. Me sorprendió la vida

prendida en lo más ancho de tu viajar eterno;

y fui tuya mil veces, y en un bello romance

me despertaste el alma y me besaste el cuerpo.

 

¿A dónde te llevaste las aguas que bañaron

mis formas, en espiga de sol recién abierto?

 

¡Quién sabe en qué remoto país mediterráneo

algún fauno en la playa me estará poseyendo!

 

¡Quién sabe en qué aguacero de qué tierra lejana

me estaré derramando para abrir surcos nuevos;

o si acaso, cansada de morder corazones,

me estaré congelando en cristales de hielo!

 

¡Río Grande de Loíza!… Azul. Moreno. Rojo.

Espejo azul, caído pedazo azul de cielo;

desnuda carne blanca que se te vuelve negra

cada vez que la noche se te mete en el lecho;

roja franja de sangre, cuando bajo la lluvia

a torrentes su barro te vomitan los cerros.

 

Río hombre, pero hombre con pureza de río,

porque das tu azul alma cuando das tu azul beso.

Muy señor río mío. Río hombre. Unico hombre

que ha besado mi alma al besar en mi cuerpo.

 

¡Río Grande de Loíza!… Río grande. Llanto grande.

El más grande de todos nuestros llantos isleños,

si no fuera más grande el que de mí se sale

por los ojos del alma para mi esclavo pueblo.

 

Yo misma fui mi ruta

Julia de Burgos

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:

un intento de vida;

un juego al escondite con mi ser.

Pero yo estaba hecha de presentes,

y mis pies planos sobre la tierra promisoria

no resistían caminar hacia atrás,

y seguían adelante, adelante,

burlando las cenizas para alcanzar el beso

de los senderos nuevos.

 

A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente

rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado

de los troncos viejos.

 

Pero la rama estaba desprendida para siempre,

y a cada nuevo azote la mirada mía

se separaba más y más y más de los lejanos

horizontes aprendidos:

y mi rostro iba tomando la expresión que le venía de adentro,

la expresión definida que asomaba un sentimiento

de liberación íntima;

un sentimiento que surgía

del equilibrio sostenido entre mi vida

y la verdad del beso de los senderos nuevos.

 

Ya definido mi rumbo en el presente,

me sentí brote de todos los suelos de la tierra,

de los suelos sin historia,

de los suelos sin porvenir,

del suelo siempre suelo sin orillas

de todos los hombres y de todas las épocas.

 

Y fui toda en mí como fue en mí la vida…

 

Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:

un intento de vida;

un juego al escondite con mi ser.

Pero yo estaba hecha de presentes;

cuando ya los heraldos me anunciaban

en el regio desfile de los troncos viejos,

se me torció el deseo de seguir a los hombres,

y el homenaje se quedó esperándome.